Vino Rosado

Vino Rosado
Vino Rosado
La elaboración del vino rosado (caracterizado éste por un toque un tanto amargo y por lo afrutado de su aroma) es prácticamente similar a la del vino blanco.

Para realizarla, se emplean tanto la uva blanca como la tinta (utilizándose mayoritariamente las variedades Pinot Noir, Merlot, Tempranillo y Cabernet), en mayor o menor proporción, siendo la uva tinta imprescindible para obtener este alimento alcohólico.

Como ya sabemos, la pigmentación del vino se debe a los hollejos de las uvas. Por lo tanto, para obtener vino rosado es obvio que el mosto de las uvas deberá macerar con los hollejos de las mismas, para dotar así del color final a nuestro vino. El tiempo en que se produzca dicha maceración, será quien determine la mayor o menor intensidad del color rosado del vino. Este proceso, posterior al despalillado de las uvas, se realiza en frío (para no desencadenar la fase fermentativa), tras lo que pasaremos a la fase de desfangado, separando del zumo los restos sólidos, para posteriormente pasar así a la fase de fermentación (denominada virgen al no existir hollejos en el proceso), introduciendo al mosto en las cubetas correspondientes y descubando al finalizar los restos sólidos que quedan presentes tras el proceso.

En España es característica su producción en Calatayud (Aragón), Valencia, La Rioja y Navarra. El vino rosado también es propio de la producción francesa (destacando las regiones de Ródano, Loira y Provenza) y en la italiana (siendo las más representativas las regiones de Veneto y Abruzzo).

El vino rosado se asocia perfectamente con la cocina mediterránea. Con pasta, arroces, carnes suaves y con el pescado, o simplemente para un aperitivo, se recomienda servirlo a una temperatura fría, alrededor de los 7 grados, presentando diferente intensidad en sus colores, los cuales pueden ir desde el gris y diferentes tonos de rosa, hasta los rojos más marcados (sin llegar a serlo, más cercanos al color del vino tinto).