Acompañando a una buena comida, celebrando algún acontecimiento importante, o simplemente para disfrutar de su sabor, el vino tinto es sin duda uno de los principales protagonistas a lo largo de la historia de la humanidad, convirtiéndose en el más consumido de las variedades de vino existentes.
El proceso de la fermentación del vino es común a cualquier tipo de vino que queramos elaborar, teniendo en cuenta que se realiza de maneras diferentes para obtener la variedad deseada, así como se usa la uva apropiada para la obtención de la misma (uva tinta en nuestro caso)
Para comenzar con la elaboración del vino tinto, y con la finalidad de evitar trasladar sabores agrios al mosto (zumo de la uva), se desrrapona, se desprovee a la uva de su parte herbácea. Posteriormente estrujamos a la uva, quebrando su piel para facilitar la salida del zumo y comenzar con la primera fermentación de las dos que se realizan en el proceso: la tumultuosa, caracterizada por la intensidad del mismo, dotando al mosto de la tonalidad de la piel de la uva, el cual se utilizará e implementará manteniendo mojada una capa denominada sombrero compuesta por los hollejos y las semillas formada en la parte superior de la cubeta mediante el proceso de fermentación (remonte), agitando igualmente el hollejo, lo que se conoce como bazuqueo. En los hollejos es donde residen los taninos, quienes confieren al vino tinto beneficiosas propiedades cardiovasculares para nuestro organismo.
Tras obtener nuestro mosto, lo descubamos, se trasvasa únicamente éste a una cubeta para volver a fermentar. Es la denominada fermentación maloláctica del vino, causante de la conversión del ácido málico, con un sabor amargo y áspero en otro mucho más fino, el láctico, mitigando el efecto de éste. Posteriormente introducimos el vino resultante en otras cubetas para filtrar cualquier tipo de resto sólido quedar (trasiego del vino), sirviendo a su vez para airear el vino, favoreciendo su desarrollo.
La calidad resultante es la que marcará si el vino se embotella, siendo un vino joven a ofertar, o por el contrario se introduce en barricas que continúen con la crianza del mismo.
Y, ¿qué hacemos con los restos de la fermentación anterior? Los utilizamos para elaborar el vino de prensa, destinándolos a prensas que extraigan el vino con mayor colorido de todo el proceso.
Se recomienda servirlo a una temperatura aproximada de 17 grados, siendo un apropiado acompañante para las carnes rojas, el jamón, queso, etc…
Ribera del Duero y Rioja en España, Beaujolais y Burdeos en Francia, junto con el noreste de Italia, sirven de localización de unas de las más relevantes regiones productoras de vino tinto.
El territorio español es productor de vino prácticamente en su totalidad. Cada región elabora, a partir de las características propias de sus uvas y de las tradiciones y costumbres regionales (con las diferentes maneras de trabajar las vides y el terreno) sus propios vinos, y al ser elaborados los mismos con una materia prima de alta calidad (dado los beneficiosos factores climáticos del territorio), así como con unos cuidadosos procesos (combinando tanto técnicas tradicionales como las desarrolladas actualmente), son merecedores (quienes cumplan los requisitos determinados como una composición mínima de la uva del territorio, etc…) de un distintivo que muestre su calidad y el buen hacer respecto al mismo. Es la denominación de origen quien otorga esa distinción.
Con unos orígenes antiquísimos y herederos de los conocimientos y costumbres de la cultura griega, no podemos hablar de Italia sin hacerlo del vino. Desde las celebraciones en conmemoración del dios Baco, y pasando por el simbolismo divino otorgado por el cristianismo, podemos comprender mejor el arraigo del vino en la cultura italiana, productora actualmente de sofisticadas elaboraciones que sitúan al vino italiano como uno de los más reputados y reconocidos a nivel mundial.